martes, 26 de julio de 2016

Mateorías (20)

(Capítulo 20 de la novela Mateorías de Guillem González. Puedes leer el capítulo 1 aquí.)

Veinte

Si mi primer verano cracoviano (2013) lo pasé saliendo por el centro, durante el segundo me moví por Kazimierz, el barrio judío. La causa del desplazamiento geográfico de mis noches fue muy mundana: mis estudiantes del liceum.

Estos casi adultos salían mucho más que cualquier adulto, por lo que terminaba encontrándomelos con demasiada frecuencia (aunque a Bartek no lo vi nunca); de hecho, llegué a sospechar que se habían aprendido la ruta nocturna de mis viernes y sábados solo para seguirme. Al principio traté de ser simpático con ellos, pero los pocos años que nos separaban y mi pusilanimidad hacían que se tomaran demasiadas libertades. Querían invitarme a cerveza y vodka, charlaban con animosidad, criticaban al director del instituto y a otros profesores, dejaban de llamarme señor González, me hacían preguntas personales y, lo peor de todo, intentaban tomarse fotos conmigo, el joven profesor que también iba de bares. Aunque les prohibí los selfies y les dije mil veces lo enfadado que estaba por el meme que me habían hecho ("¡Cállate, coño!"), no dudo que en sus móviles había un buen puñado de fotos mías.

Mi conciencia de profesor florero me indicó que, mientras no encontrara otro segundo trabajo, era mejor cambiar mis hábitos nocturnos. Por eso dejé de frecuentar el centro en favor de Kazimierz. Bar a bar, cerveza a cerveza, noche a noche, fui personalizando mi mapa del barrio judío.

La mayor revelación del verano fue el pub Pod Ziemią, que significa bajo tierra. Llegamos a él impulsados por el primer motor inmóvil del hombre: el aburrimiento. Con unas cuantas cervezas y unos pocos vodkas encima, seguimos a una exótica pareja de góticos, exótica porque no son muy habituales en Cracovia las tribus urbanas. Después de bajar los veinticinco escalones, un olor a humedad y humanidad lo invadía todo; primero había una sala con dos mesas y una diana, luego otra con una tarima que servía de pequeño escenario; a la derecha, la barra y una sala de fumadores; las paredes, a ratos de obra vista y a ratos pintadas de color rojo o gris, estaban decoradas con carteles de conciertos. Aunque tocaban con cierta frecuencia grupos de rock, punk, heavy metal y otros géneros musicales más o menos duros, estos eventos no eran, para mí, el principal atractivo de Pod Ziemią: si malgasté ahí tantas horas y tantos złotych fue por su karaoke.

La primera noche, perdimos de vista a la pareja gótica en cuanto nos encontramos a un tipo cantando "Hells Bells" de AC/DC. Sus cuerdas vocales no alcanzaban los agudos de Brian Jonhson y estaba siempre fuera de tono, pero su motivación y la puesta en escena compensaban. A continuación, una chica cantó una balada de rock sureño; después, un gordito que se parecía a Bartek perforó nuestros tímpanos con un tema de metal extremo. Solo entonces salimos de nuestro asombro y nos acercamos a la barra. ¿Cómo era posible que existiera un local así en la uniformidad nocturna de Cracovia? Ni Mateo ni yo éramos grandes fans del heavy metal, pero era imposible no dejarse cautivar por un ambiente y una gente tan diferentes.

Cuando me sirvieron la cerveza, Mateo ya empezaba a interpretar "Purple Rain". Lo hacía mucho peor que cualquiera de los anteriores, pero cantaba como se hacen las revoluciones y bailaba como un huracán, enredándose y enredando a los demás en el cable del micrófono mientras iba de mesa en mesa, gritándoles en cuclillas a los heavies que lo miraban asombrados —¿de dónde había salido ese loco que se arrodillaba y chillaba y lloraba y se levantaba y saltaba?— I never meant to cause you any sorrow, como si lo sintiera de verdad: nunca quise causarte tanta tristeza, te juro que no, se subía a la tarima y seguía de espaldas a la pantalla, sin necesidad de leer la letra: purple rain, purple rain.

Terminó la canción en el suelo, hecho un ovillo con el cable, la cara llena de sudor y de lágrimas. Cuando logró desenredarse, varios polacos se acercaron a felicitarlo, entusiasmados. Uno de ellos, un armario con la cabeza rapada, le dio un puñetazo y Mateo volvió al suelo. Sus colegas lo agarraron, pero aún tuvo tiempo de propinarle un par de patadas. Mientras, lo empujé por la espalda y cayó sobre la tarima-escenario. El armario intentó pegarme, pero lo sujetaron; tiró unos cuantos vasos al suelo y derribó alguna silla hasta que se lo llevaron escaleras arriba.

—¿Qué coño ha pasado? —me preguntó Mateo tras levantarse, pero yo tampoco comprendía—. ¿No ha entendido que nunca quise causarle tristeza?

Se nos acercó uno de los polacos que había sacado al bruto del bar y le habló a Mateo en inglés:

—Perdón. Nuestro amigo es un animal, lo siento. Ha bebido mucho y no puede controlarse. No le gustan los homosexuales. Pero no penséis que todos los polacos somos así, por favor. Yo no tengo ningún problema con vosotros —nos sonrió.

Más tarde, bajaron al armario rapado entre cuatro heavies y lo empotraron delante de Mateo; apenas podía tenerse de tan borracho, pero lo obligaron a pedirle perdón. No hace falta, les dijo Mateo, y ellos insistieron: sí, sí, es necesario que se disculpe. En lugar de hablar, el bruto trató de pegarle de nuevo: él solo se desestabilizó y se cayó al suelo. No volvió a levantarse y sus amigos tampoco lo intentaron. Ni siquiera los gruñidos de Napalm Death lo despertaron.

A pesar de este incidente inicial, seguimos visitando Pod Ziemią con mucha frecuencia, y no porque fuera imposible que allí me encontraran mis estudiantes del liceum: el sitio tenía karaoke y encanto. En seguida conocimos a la feligresía del Karaoke Heavy Metal, nombre con el que rebautizamos el local. Nunca llegamos a saber sus nombres, pero nos referíamos a ellos por los grupos de música de sus camisetas. Anthrax era un informático bajito y regordete que no cantaba ni se levantaba de la silla; Cradle of Filth hacía de DJ y se hurgaba la nariz cuando se embobaba frente al portátil; Metallica tocaba la guitarra y estudiaba Filología Hispánica; Children of Bodom bizqueaba si bebía mucho, es decir, siempre; Black Sabbath trabajaba para una tabacalera y hacía proselitismo constante de su cigarrillo electrónico; Slayer era la novia de Metallica, y todos la codiciaban; Pantera era la dueña y la única camarera de Pod Ziemią; Within Temptation era guapo y ligaba con cierta frecuencia, por lo que todos le tenían manía. Había más gente en el Karaoke Heavy Metal, pero estos estaban cada fin de semana: nunca fallaban, no frecuentaban otros bares, jamás quisieron ir con nosotros a otro sitio. Sabaton, una banda sueca de power metal, era el armario polaco, el bruto que pegó a Mateo. Cuando volvimos a verlo, nos asustamos: se nos acercó, aparentemente sereno, y en un inglés rudimentario le pidió perdón a Mateo. Para sellar la paz, cantaron juntos "Bohemian Rapsody".

Yo solo me acercaba a la tarima del karaoke si bebía mucho, pero Mateo no podía evitar cantar y bailar una o dos veces por noche, estuviera ebrio o sobrio. Al llegar al bar, le pedía a Cradle of Filth, el DJ, que le encontrara por internet las canciones que quería interpretar luego. Sus favoritas eran "Nowhere Man" de los Beatles (no solo de heavy metal se vive en Pod Ziemią), "Dazed and Confused" de Led Zeppelin y "Entre las cejas" de Leño, tema que Metallica también conocía, por lo que solía tocar la guitarra aérea y hacer los coros cuando llegaba el verso de "si tienes entre las cejas libertad".

En la barra del Karaoke Heavy Metal, un Mateo felizmente borracho me dijo una noche que Leño era uno de sus grupos preferidos por influencia de su padre. Luego me relató que, además de una furgoneta, había heredado una colección de vinilos considerable. A continuación, me contó que los guardaba en Madrid, en un piso que también le dejaron y que llevaba diez años deshabitado, exceptuando las dos visitas que había hecho en marzo.

—Algún día volveré a vivir en esa maldita ciudad, aunque solo sea un tiempo. En Atocha encontrarás aire limpio sin igual —canturreó palmoteando la barra—. Es una mierda este Madrid, que ni las ratas pueden vivir. Catalán, si alguna vez quieres ir a Madrid, ya sabes que tienes un sitio donde caerte muerto.

El verano de 2014, solo cambiamos Kazimierz por el centro dos viernes, para asistir a los últimos Pop Quiz. Aunque había sido yo quien insistió en que nos apuntáramos, Mateo se entusiasmó en seguida y tomó las riendas de nuestro equipo. Tenemos que ganar cueste lo que cueste, decía, quiero esa camiseta sí o sí. La competitividad que demostraba me daba miedo: estudiaba para el concurso como el alumno más aplicado de la escuela y también me exigía a mí que leyera y repasara. De nuevo, Mateo se convirtió en mi tutor, en mi maestro, aunque entonces era más severo que nunca. El Pop Quiz ya no era una excusa para tomar una cerveza después de trabajar, sino un deber, un imperativo categórico. Por eso, a diferencia de otros participantes, no faltamos ni a un solo viernes de Pop Quiz en el pub inglés, ya que así teníamos más posibilidades de ganar el premio. Pero ¿por qué tanto entusiasmo? ¿Solo por una camiseta que teóricamente usó Juan Pablo II? ¿Solo por ganar a su odiado Adrian?

Desde que nos inscribimos, la lista de temas del Pop Quiz había sido muy variada. Respondimos preguntas sobre cine (Buster Keaton, La guerra de las galaxias, los Óscar, Matrix, Disney, Chuck Norris, Quentin Tarantino, Clint Eastwood, Audrey Hepburn), sobre música (Elvis Presley, villancicos, Madonna, The Beatles, Nirvana), sobre literatura y cómics (el Universo Marvel, Batman, Harry Potter, Los juegos del hambre, temas que Bartek me ayudó a preparar), sobre internet (Wikipedia, Facebook, abreviaciones y jerga online, Twitter), sobre televisión (American Idol, Oprah Winfrey, Friends, Lost), sobre videojuegos (Space Invaders, World of Warcraft, Mario Bros), sobre famosos (los Kardashian, Paris Hilton, la Princesa Diana), sobre historia (el asesinato de Kennedy, Stalin, el 11-S), sobre deporte (Lionel Messi, Andre Agassi), sobre arte (Andy Warhol, Salvador Dalí, Damien Hirst) e incluso sobre Polonia (Lech Wałęsa, la virgen negra de Częstochowa).

El tema de la final no podía ser otro: Juan Pablo II, el papa.

Llegamos a la última jornada del Pop Quiz liderando la clasificación, seguidos a un solo punto por Adrian y su pareja; pero estábamos más preparados que nunca: el papa era nuestro tema. Antes de empezar, Adrian se nos acercó para desearnos suerte con una sonrisa burlona y me preguntó si podía hablar conmigo en privado.

—Cuidado —me advirtió Mateo—. Seguro que ese cabrón te dirá algo para distraerte.

Cuando volví, no le conté a Mateo qué me había dicho Adrian, sino que teníamos que ganar costara lo que costara la camiseta, sí o sí.
Pregunta 1: ¿Cuándo y dónde nació Juan Pablo II? ¿Qué lugares o monumentos relacionados con el santo padre se pueden visitar ahí?
La lengua vehicular del Pop Quiz era el inglés, puesto que tenía lugar en un pub británico y los participantes éramos de diferentes países; la mayoría eran polacos, pero además de dos españoles había también varios ingleses e irlandeses, una portuguesa, un rumano, un indio, un eslovaco y dos rusas. Los viernes en que se celebraba el torneo, Malcolm, dueño del pub y organizador del Pop Quiz, salía de la barra y leía en voz alta cada pregunta con la dicción de un cura alcohólico. Los concursantes disponíamos de cinco minutos para escribir en un papel la respuesta y luego él las comprobaba una a una. Mientras el juez decidía, los participantes bebíamos moderadamente, pues la consumición en el pub era obligatoria, pero no se recomendaba embriagarse en exceso si se quería ganar. A continuación, Malcolm daba la respuesta correcta, elegía al ganador y leía la siguiente pregunta.
Respuesta 1: Juan Pablo II nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice. En esta pequeña ciudad, a 50 km al suroeste de Cracovia, se pueden visitar los siguientes lugares de interés: la Casa Familiar Museo del Santo Padre Juan Pablo II, donde nació Karol Wojtyła; el Museo Municipal, que contiene varias exposiciones sobre el sumo pontífice; la Basílica de Ofrecimiento de la Virgen María, donde el joven Karol recibió el bautismo y tomó la primera comunión; la Iglesia de San Pedro Apóstol, construida en 1986 para agradecerle a Dios el pontificado de Juan Pablo II; el Santuario de San José, donde solía confesarse de niño y en cuyo altar principal se encuentran actualmente el anillo y el escapulario del difunto papa; el Convento de la Comunidad de las Hermanas de la Familia Santísima de Nazaret, donde el zagal pasó muchos momentos de ocio en el periodo de entreguerras.
Pregunta 2: ¿Qué acontecimientos determinaron la religiosidad de Karol Wojtyła durante los 10 primeros años de su vida?
Malcolm era un juez tan severo como el gitano Javier Marías, pero para nada arbitrario. Después de leer las respuestas, elegía una sola ganadora, la que él consideraba más cercana a la correcta, y recibía un punto. En el infrecuente caso de que dos o más equipos estuvieran a la misma distancia de la excelencia requerida por Malcolm, cada uno obtenía un punto. No estaba permitido hacer reclamaciones.
Respuesta 2: Sin duda, la más poderosa influencia religiosa del niño papa fue su madre. Emilia Wojtyła, de soltera Emilia Kaczorowska, era una católica ferventísima y una mujer muy testaruda, por lo que consiguió arreglárselas para que su hijo naciera cerca de una iglesia; así, lo primero que escucharía Karol al llegar al mundo serían las campanas y los "cánticos a Dios". La señora Wojtyła solía repetirles a las otras mujeres de Wadowice que su retoño iba a ser una gran persona, y resultó tener razón. Emilia murió en 1929, cuando Karol solo tenía nueve años; al enterarse del fallecimiento de su progenitora, el huérfano de madre pronunció unas palabras monumentales: "Fue la voluntad de Dios". A partir de entonces, se hizo cargo de su educación el padre viudo, Karol Wojtyła sénior, tan religioso como su esposa pero menos que su vástago. También fue crucial para la gestación de la vocación del futuro papa la trágica muerte de su única hermana, Olga, años antes de que él naciera. Así, a los 10 años la vida le había dado una valiosa y cristiana lección: las mujeres no sirven más que para parir y morir.
Pregunta 3: ¿Cómo fue en líneas generales la formación religiosa de Karol Wojtyła?
¿Quién escribía aquellas enrevesadas preguntas y documentaba las precisísimas respuestas? Este era uno de los misterios mejor guardados por Malcolm. Para mí, estaba claro que necesitaba ayuda, porque además de redactar las cuestiones tenía que encargarse de un negocio y apaciguar a los clientes más conflictivos, pero no se sabía nada a ciencia cierta. Se comentaba que algunos estudiantes de la Universidad Jaguelónica y un par de rabelais aventajados colaboraban con Malcolm a cambio de cerveza. Sin embargo, también se rumoreaba que Malcolm, en Inglaterra, había sido el concursante estrella de un famoso programa de televisión y que no pudo ganar el premio final, por lo que la celebración bimensual del Pop Quiz le quitaba la espina clavada; las preguntas que entonces formulaba eran las mismas que le habían hecho antes a él. Pero esto solo eran cotilleos indemostrables.
Respuesta 3: En 1938, Karol júnior y Karol sénior se mudaron a Cracovia, donde aquel empezó a estudiar en la Universidad Jaguelónica (UJ). Su formación universitaria no fue estrictamente religiosa, sino más bien humanística: teología, filosofía, lenguas, filología e historia. Durante la Segunda Guerra Mundial se clausuró la UJ, por lo que el muchacho tuvo que realizar diversos trabajos manuales: en un restaurante, en una cantera de cal y en una fábrica química; probablemente, el trabajo físico exacerbó su rechazo cristiano de la carne. En octubre de 1942, en una Cracovia bajo la terrorífica ocupación nazi, ingresó en un seminario clandestino, donde comenzó a estudiar teología y a formarse como clérigo. En 1946, terminada ya la guerra y pseudoliberada Polonia, fue ordenado sacerdote y siguió la carrera de teología en la UJ. Acto seguido se trasladó a Roma, donde se doctoró en teología solo en un par de añitos. Recién doctorado, regresó a Polonia para combatir a golpe de sermón el comunismo.
Pregunta 5:¿Cuáles eran las aficiones de Juan Pablo II?
Para que ninguno de los concursantes copiáramos, Malcolm nos obligaba a desconectar los móviles y dejarlos en una cesta de mimbre custodiada por él mismo, donde también teníamos que vaciarnos los bolsillos. Había que llevar manga corta o remangada y las mujeres no podían ponerse falda ni vestido, para evitar las chuletas en los pliegues. Si, a pesar de todo, alguien decidía intentar hacer trampas, los camareros, Malcolm y los concursantes ejercíamos de Gran Hermano. Cuando alguien era descubierto, Malcolm lo descalificaba del Pop Quiz, pero permitía que la pareja siguiera compitiendo sola.
Respuesta 5: La vocación religiosa fue la afición principal de Juan Pablo II. Además, le gustaba mucho el ajedrez; se rumorea que mientras realizaba el doctorado en Roma inventó una jugada de ajedrez propia, la Apertura Polaca, pero es mentira. De joven también fue actor de teatro. Hasta que le fue diagnosticado el Parkinson, practicaba varios deportes: esquí, piragüismo, natación, tenis, excursionismo y fútbol, en el cual destacó como portero; la defensa de la portería sería otro eslabón en su camino como protector de la fe. Era un lector voraz de filosofía, teología y poesía; su autor favorito era sin duda el místico San Juan de la Cruz, cuyos escritos le fueron descubiertos por un sastre, Jan Tyranowski, durante los oscuros años de la Segunda Guerra Mundial. Su tesis doctoral se tituló El acto de fe en la doctrina de San Juan de la Cruz: de nuevo, los límites entre la afición y la vocación se confunden.
Pregunta 8: ¿Cuántas lenguas hablaba con fluidez Juan Pablo II? ¿En cuál de ellas se dirigía a Dios?
Cada viernes de Pop Quiz, quien acumulaba más puntos ganaba aquella jornada; entonces recibía tres puntos en la liga general, como en el fútbol; el segundo obtenía dos puntos, el tercero, uno y los demás, nada. Además, Malcolm le daba a la pareja un pequeño regalo, una bagatela simbólica: una máscara de cartón de Darth Vader, un póster de Madonna, una cerveza gratis, un cómic de Spiderman, etc. Esto son tonterías, decía Mateo, te puedes quedar todo lo que nos den. Gracias al Pop Quiz, una Oprah Winfrey de plástico decoraba mi altar de objetos kitsch, supervisando al niño Jesús y a los cerditos copuladores.
Respuesta 8: La respuesta más estricta es diez: Juan Pablo II hablaba polaco, esperanto, griego antiguo, latín, italiano, francés, español, portugués, inglés y alemán; sin embargo, se defendía en otras lenguas como checo, lituano, ruso y húngaro; también tenía conocimientos de japonés, tagalo y varios idiomas africanos. El papa tenía la costumbre de hablar con Dios en polaco, primero, y después repetía el ruego o petición en al menos dos lenguas más, una de ellas antigua, porque las lenguas antiguas son más respetadas allá arriba. De este modo, se aseguraba de que la información le llegara en algún idioma a su atareado destinatario, que también era y es y será políglota. 
Pregunta 11: ¿En qué evento se popularizó el ecuménico cántico "John Paul two, we love you" (o, en español, "Juan Pablo segundo, te quiere todo el mundo")? ¿Quién compuso el cántico?
El equipo que se hiciera con la liga, el vencedor del torneo, el campeón del Pop Quiz, recibiría la camiseta usada por el papa, tan ansiada por Mateo. De dónde había sacado Malcolm esa camiseta, que por cierto nadie había visto todavía, era otro misterio. Había diferentes hipótesis. Unos estaban seguros de que era una camiseta cualquiera, una falsificación. Otros, Malcolm y Mateo entre ellos, afirmaban que no, que era verdadera, porque tenía un sello de autenticidad; un subgrupo decía que la camiseta se la puso Malcolm al papa en su conflictiva visita de 1982 a Gran Bretaña, en plena Guerra de las Malvinas, para protegerlo del viento; en cambio, el segundo subgrupo decía que Mahoma no fue a la montaña, sino que la montaña fue a Mahoma, es decir, que Malcolm visitó el Vaticano en su juventud y que ahí convenció a Juan Pablo II de que se pusiera su camiseta.
Respuesta 11: El lema de Juan Pablo II, el epíteto papal más famoso, surgió en la primera Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que tuvo lugar en Roma en 1984, aunque no llevaría ese nombre hasta 1986, año de la primera JMJ como tal. Múltiples escritores (David Lodge), poetas (Czesław Miłosz) y compositores (Zbigniew Preisner) se arrogaron injustamente la creación de la frase y de la música que la acompaña. Sin embargo, no está nada claro quién fue el verdadero inventor. Muchos estudios refuerzan la teoría de que en realidad fue el genio del pueblo, es decir, la joven masa congregada por la fe católica y por Juan Pablo II, quien improvisó el cántico. Unos pocos investigadores van más allá: como fue el papa quien concibió la JMJ, el mismo Karol Wojtyła sería el verdadero inventor del cántico a través de los jóvenes católicos; estos sabios parten de la arriesgada idea de que el sumo pontífice, igual que Dios, puede utilizar a su rebaño como instrumento.
Pregunta 15: ¿Cuál era el postre favorito del papa? ¿Cómo es este postre? ¿En qué momento de su vida engulló Juan Pablo II más porciones del postre?
Para que no nos emborracháramos demasiado, los camareros servían aperitivos para picar. Unos cacahuetes, unas patatas fritas, unos pepinillos en vinagre, unas salchichitas, unos montaditos. Muchos concursantes rechazaban la oferta, porque sabían que al final de la jornada había que pagar los tentempiés; bueno, algunos tenían hambre y los aceptaban. Los participantes novatos o esporádicos se ponían las botas y repetían hasta la saciedad y luego se escandalizaban cuando les llegaba la cuenta. Solo la pareja ganadora era invitada por Malcolm. Aquella noche, Mateo y yo teníamos la mesa llena de platos: así de seguros estábamos de nuestra victoria.
Respuesta 15: El postre preferido de Juan Pablo II era la kremówka, un pastel polaco. La kremówka está compuesta de dos cubiertas de hojaldre, la superior espolvoreada con azúcar glasé, rellenas de una gruesa capa de vainilla, nata montada o crema de mantequilla. Su frágil composición hace que comerla sea un arte difícil de dominar: se debe clavar la cuchara en el hojaldre con la fuerza y la precisión de un cirujano, para evitar que la crema se salga por los lados como un alud. Las kremówkas más populares son las de Wadowice, pero se pueden comprar en toda Polonia. Cuando Karol Wojtyła terminó los exámenes de matura (la selectividad polaca), participó en una competición con sus amiguetes: a ver quién puede comer más kremówkas. El impetuoso futuro papa comió nada más y nada menos que 18. Sin embargo, todavía no le había llegado el momento de ser "una gran persona". Otro chaval se zampó 21. Un día de julio de 1999, Juan Pablo II hizo pública la anécdota de las 18 kremówkas; a la mañana siguiente, se hicieron colas larguísimas en las pastelerías polacas, colas que recordaban la antigua carestía comunista, y se rebautizó este pastel como kremówka papal.
Pregunta 18: ¿Quién, cuándo y dónde intentó asesinar a Juan Pablo II? ¿Qué palabras le dedicó el papa a su agresor?
Mientras participábamos en el Pop Quiz, Mateo estaba totalmente concentrado, desconectado del mundo, como Facu cuando jugaba al World of Warcraft. Solo se comunicaba conmigo para hablar de Juan Pablo II o del tema que tocara aquella noche. ¿Recuerdas cómo se llamaba el asesino? Era turco, ¿no? ¿Sucedió en 1982? ¿Fue un ataque político o religioso o fruto de la neurosis? Durante la redacción de las respuestas, no podía mencionarle otra cosa. Cuando le entregábamos el papel a Malcolm, Mateo se relajaba un poco, es decir, insultaba en voz baja a Adrian o se cagaba en la mar salada, pero en seguida volvía al estado de concentración anterior.
Respuesta 18: El agresor de Juan Pablo II se llamaba Mehmet Ali Agca y era turco. Pertenecía a la banda paramilitar de ultraderecha Lobos Grises, bajo cuyas órdenes Agca asesinó en 1979 a un importante editor turco; ingresó en prisión, pero a los seis meses ya se había fugado. En 1981, intentó matar a Juan Pablo II. 1981 fue un año especialmente conflictivo: el 20 de enero Ronald Reagan se convirtió en presidente de los EEUU e Irán liberó a los diplomáticos secuestrados; el 23 de febrero hubo un golpe de estado fallido en España; el 30 de marzo atentaron contra Reagan; el 24 de mayo murió el presidente de Ecuador, Jaime Roldós Aguilera, en un accidente aéreo; el 14 de septiembre Juan Pablo II publicó su tercera encíclica; el 28 de octubre se formó la banda de thrash metal Metallica; el 13 de noviembre Jaruzelski introdujo la Ley Marcial en Polonia; el 11 de diciembre el gobierno de El Salvador llevó a cabo la Masacre del Mozote, con más de 900 campesinos asesinados. Pero el día en que Agca trató de matar al papa fue el 13 de mayo. Agca estaba en la plaza de San Pedro en Roma escribiendo postales cuando pasó la comitiva de Juan Pablo II. Le disparó varias veces con una Browning GP-35, una pistola semiautomática, hasta que una monja y unos cardenales lo detuvieron y la seguridad lo redujo. Cuatro balas como cuatro estigmas impactaron en el cuerpo de Karol Wojtyła: dos quedaron alojadas en el estómago, una le atravesó el brazo derecho y la cuarta la mano izquierda. Tras seis horas de quirófano, el equipo médico logró salvar la vida del papa. Cuando se recuperó, visitó a Agca en la prisión Rebibbia de Roma. El turco le preguntó cómo había sobrevivido a sus disparos; el polaco le respondió que había presentido, como solo los creyentes pueden presentir, que la Virgen de Fátima intercedería por él. Después Juan Pablo II perdonó a Agca, su semiasesino, y le permitió que besara su anillo, el anillo que terminaría expuesto en el altar principal del Santuario de San José en Wadowice.
Pregunta 20: ¿Cuántos exorcismos practicó Juan Pablo II?
Adrian era la viva imagen del profesor: gafas de pasta, pelo ligeramente alborotado, americanas de tweed u otros materiales universitarios, siempre con coderas que siempre conjuntaban con el color de los pantalones de pinza. En cambio, su compañero de equipo, que se suponía que también era su compañero de universidad, era un armario con la cabeza rapada, similar al que agredió a Mateo. Siempre llevaba chándales de equipos de fútbol o de marcas conocidas y parecía violento y pendenciero. En Polonia esta subcultura, equivalente al chav inglés o al cani español, se llamaba dres, que significa chándal. El armario de los chándales no hablaba demasiado ni participaba mucho en el Pop Quiz; más que acompañar a Adrian, lo protegía: era su guardaespaldas.
Respuesta 20: Gabriele Amorth, el exorcista más prestigioso del mundo, declaró que Juan Pablo II practicó dos exorcismos. El 4 de abril de 1982, le pidieron al papa que expulsara el demonio que martirizaba a la joven Francesca. Juan Pablo II llevó a la chica a su capilla privada del Vaticano y contempló, según sus propias palabras, "una escena bíblica": la muchacha escupía y se revolcaba por el suelo como una posesa, literalmente como una posesa. Los allí presentes, Juan Pablo II incluido, estaban admirados, porque por fin veían lo mismo que se describía en las Sagradas Escrituras, por fin se confirmaban sus intuiciones religiosas, por fin la iconografía de la que se habían nutrido en el seminario se hacía carne. Un año después, la mujer volvió a visitar al papa, casada y encinta, es decir, con otro tipo de posesión. En septiembre de 2000, Juan Pablo II salvó a otra endemoniada italiana, o al menos eso dice Gabriele Amorth.
Malcolm decidió que nuestra respuesta era la ganadora. Antes de que terminara el recuento de puntos, Mateo despertó del ensimismamiento con una carcajada atropellada de las suyas. Los otros concursantes aplaudieron y nos felicitaron, excepto Adrian, que solo callaba su humillación. Malcolm nos estrechó la mano y nos dio una caja rectangular. Mateo la desenvolvió y sacó de dentro el premio: una camiseta negra, de manga corta y algodón. Una etiqueta con un sello y muchas palabras certificaba que el papa Juan Pablo II se había puesto aquella prenda; por lo demás, era una camiseta negra exactamente igual que la que Mateo llevaba. Sentí una desilusión de truco de magia fallido.

—Me la voy a poner —dijo Mateo ilusionado y se fue con la caja a cambiarse.

Adrian se me acercó y me recordó lo que me había dicho antes; volví a darle las gracias, mientras pensaba que no podría guardar la camiseta del papa en su armario. Los demás concursantes se fueron despidiendo y marchándose; durante el resto del verano no habría más Pop Quiz, pero en octubre empezaría la siguiente edición. Adrian y su armario me dijeron adiós y se largaron. Malcolm, detrás de la barra de nuevo, había perdido su aura de maestro de ceremonias. Mateo regresó tal y como se había ido: llevando una camiseta negra y una caja en las manos. Pero ahora estaba radiante.

Nosotros dos también salimos del pub inglés y fuimos andando sin parar en ningún bar hasta el Karaoke Heavy Metal. Al entrar, Metallica, Pantera y Slayer nos miraron expectantes desde la sala de la tarima. Sin embargo, no quisimos decirles nada del Pop Quiz y ellos tampoco se fijaron en la camiseta negra de Mateo ni en la caja. Yo fui a la barra a pedir unas cervezas mientras él le pedía una canción a Cradle of Filth. Black Sabbath estaba interpretando un tema rockero de un grupo polaco que yo no conocía. Al terminar, aplaudimos con prisa. Mateo cogió el micrófono y subió a la tarima, muy serio; estaba de espaldas a nosotros, impidiendo que leyéramos el título de la canción. Todos estábamos expectantes, en silencio, sentados o apoyados en la pared, sujetando nuestros vasos.

Cuando Mateo comenzó a cantar a capela "We Are the Champions", todos nos pusimos en pie, como si fuera el himno de un país sin injusticias ni fronteras. I've paid my dues, time after time: Mateo se dio la vuelta: sonreía y estaba rojo de felicidad, sudaba como un cerdo y lloraba como un niño, con la mano libre se agarraba una medalla invisible en la camiseta negra. We are the champions, we are the champions: todos cantamos, incluso Anthrax, no se podía oír el acompañamiento del piano, primero, ni el resto de la banda, después, y nadie notaba que Mateo desafinaba y se inventaba la letra. And we'll keep on fighting 'till the end: Pantera cogió otro micrófono y cantó también, desgañitándose. Entre espasmo y espasmo de pasión, los heavies levantaron a Mateo y lo hicieron pasar tumbado sobre sus brazos, como en un concierto, y desde arriba Mateo consiguió decirles a todos lo que ya sabían, que habíamos ganado el Pop Quiz, y que aquella camiseta negra era el premio, la camiseta usada por Juan Pablo II. Al oírlo, empezaron a tirar de ella como chacales hambrientos.

Después de la canción, solo quedaban tres o cuatro trapos negros tirados por el suelo, empapados de sudor y cerveza; era difícil decir si pertenecían a la prenda usada por el papa o ya estaban ahí cuando llegamos. Sentado a la barra sin camiseta, fue la primera vez que vi el tatuaje de Mateo, unos números en el pecho.

—Toma, madrileño, bebe un poco. Por nuestra victoria, aunque ya has perdido la camiseta —brindamos y bebimos—. Oye, tengo que decirte algo. Creo que es una mala noticia.

—¿Es lo que te ha dicho Adrian?

—Sí. El siguiente curso no voy a estar en la academia. Dejo el trabajo —Mateo no respondía, esperando a que siguiera—. Adrian me ha conseguido un trabajo en la universidad.

—¡Cojonudo! Así trabajaremos juntos.

—No es en la Universidad Jaguelónica, sino en la Pedagógica. Un colega suyo le dijo que necesitan un profesor de catalán. Las clases son por la tarde, así que conservaré el trabajo del liceum y dejaré el de la academia. Empiezo el 1 de octubre. Aún tengo que decírselo a la directora...

—Un catalán dando clases de español y de catalán, ¡no me jodas! Es una noticia muy buena, ¡felicidades!

Brindamos de nuevo, aunque no pude evitar sentirme entre triste y sucio. Me sentía un poco botifler.

—Oye, siento lo de la camiseta. Sabía que te hacía mucha ilusión.

Mateo se carcajeó y abrió la caja: había una camiseta negra con una etiqueta. La levantó como un boxeador y se la puso como un cinturón de campeón.

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